jueves, 12 de abril de 2012

EL PODER DE LOS PODEROSOS

                            
El poder de los poderosos en las llamadas democracias formales, radica en la capacidad, inmensa capacidad, que tienen estos de manipular a las masas a través de los medios de comunicación de los que son dueños y señores, para convencernos que votemos a los políticos “convenientes” a sus intereses. Se banaliza la corrupción, se  soslayan las mentiras, las medias verdades y el engaño; se hipnotiza a la gente y se hace que esta actúe o baile al son y voluntad del que mueve los hilos del teatro de marionetas en que han convertido el mundo.
Tal vez, los políticos que se prestan a esta tarea sean los hilos; las manos que manejan la tramoya y los muñecos están más arriba y siempre fuera del alcance visual del común de los mortales, del “publico”.
Hace falta razonar y no nos dejan educar en el pensamiento crítico, o nos ponen todos los obstáculos posibles para que las nuevas generaciones –no precisamente las de la gaviota, que también- sean capaces de aprender a pensar en libertad; nos alienan con circo, y al castigo de ganar el pan con sudor le añaden la imposibilidad de hacerlo dignamente. Ellos, los poderosos, si se ganan el pan, y el caviar con champán, con sudor, pero con el ajeno.
La riqueza de los ricos poderosos se asienta sobre la miseria, sobre el hambre, la incultura y la desinformación de los pobres, sean estos y aquellos individuos o países.
La base del poder de los poderosos radica en la desinformación programada y en la negación del derecho de los individuos y pueblos a una educación de calidad.

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